Desde que empezó la fotografía digital, nos hemos acostumbrado a poder ver la foto recién tomada en la pantalla de previsualización de la cámara, y se ha convertido en un gesto habitual revisar cada foto que acabamos de disparar. En unos pocos segundos hemos comprobado que la foto que queríamos parece estar bien y ya nos quedamos tranquilos con ese instante guardado en forma de archivo digital.

Pero a todos nos ha pasado alguna vez: vuelves a casa de hacer una sesión fotográfica fantástica, porque habías recorrido muchos kilómetros para encontrar un paisaje especial o por todos los preparativos que te ha llevado un buen retrato, y estás deseando descargarlas al ordenador para ver qué tal, sobretodo una que te ha encantado en cuanto la has visto en la previsualización y en la que te has superado. Finalmente las pasas al ordenador, la abres, y vista en el monitor te das cuenta: oh, no! está movida! Te encuentras que en esa foto impresionante en realidad hay trepidación, y ya no estás a tiempo de repetirla. Buscas desesperadamente una soga y te cuelgas de la lámpara del salón, la cuerda se rompe y decides escribir sobre ello un artículo de blog.

¿Por qué ocurre esto?

Ten siempre en mente cuando revisas una fotografía desde la pantalla de la cámara, que la resolución que se muestra es mucho menor, y hay detalles que pasarán desapercibidos, así que podría estar movida por efecto de la trepidación por ejemplo, o el ruido del ISO podría ser mayor de lo que parece; y lo peor no es que lo tenga esa foto sino que, si la das por buena, posiblemente seguirás haciendo más tomas sin cambiar los parámetros, con lo que estos defectos podrán aparecer en las siguientes fotografías.

Antes que nada, lo principal es que conozcas bien tu cámara, cómo se comporta con los pasos de ISO o saber la velocidad mínima que necesitas para disparar a pulso según qué objetivo estés usando. Dicho esto, un consejo cuando revises cualquier foto en la cámara es que no te fíes de lo que ves a primera vista en esta pantallita, pero también puedes dar uso a un par de herramientas que tienes disponibles en la cámara para asegurarte.

Para comprobar el detalle: usa el Zoom

Toda cámara con pantalla tiene varias opciones de presentación, y una de ellas, normalmente girando la rueda con la que modificas los valores de diafragma, puedes ampliar la imagen y desplazarte por ella. Elige un detalle importante: el ojo en un retrato, un pequeño insecto posado en una hoja, un árbol lejano y solitario en el paisaje,… y haz zoom al máximo para ver en detalle ese espacio reducido. Así podrás apreciar con mayor detalle la calidad de la imagen de manera que, si está movida o el ruido es demasiado notable, estás a tiempo a reajustar los parámetros y conseguir mejorar la toma.

Para comprobar la luminosidad: analiza el histograma

Otro factor que puede ser engañoso es la luminosidad con la que percibes la imagen previsualizada, dependiendo de los ajustes de la pantalla puede parecer que la fotografía está más oscura de lo que es, y quizás lo quieras arreglar modificando los valores de exposición para ganar luz con lo que al final puede que estés quemando la foto. Por eso, una recomendación es que te fijes en el histograma: si los valores de exposición están bien, la toma estará correctamente expuesta y lo podrás comprobar una vez la pases al ordenador. Observar el histograma siempre será más fiable ya que son datos descriptivos obtenidos directamente del archivo creado, y no dependen del dispositivo con el que lo mires.

Conclusión

La previsualización no es una herramienta adecuada para analizar la calidad de la fotografía, porque el detalle o la luminosidad que vemos en la pantalla de la cámara no es muy fiable.

¿Para qué la usamos entonces? Para comprobar la composición de la imagen: que los elementos que aparecen estén en su lugar (¡vaya! justo ha cruzado un pájaro que llama la atención), un buen encuadre, expresiones faciales, etc…

¿Has probado de hacer fotos como si volviéramos a tener cámara analógica? Haz la prueba: desactiva la vista previa y ponte a disparar fotos, mejor aún si te limitas también el número de fotos a 36 por ejemplo. Verás como te cambia la percepción y la concentración en cada foto que hagas.

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